Quiénes Somos

La Fundación Santa María de Luján, institución de bien público, sin fines de lucro, es la entidad propietaria del Instituto desde sus comienzos hasta la actualidad.

Se compone de un Consejo de Administración, cuyos miembros pueden ser exalumnos, padres de alumnos o exalumnos, o personas allegadas a la Fundación.
Hoy el Instituto Santa María de Luján trata de mantenerse fiel a los objetivos fundacionales y de adaptarse a las modificaciones de la sociedad. 
El lema LA OBRA DE TODOS es una realidad que nos compromete a sus integrantes, decididos a preservar el ambiente cálido y armónico, a celebrar los cincuenta años que cumplimos en 2012 y a proyectar los años futuros.


LA FUNDACION
La Fundación Santa María de Luján, propietaria del Colegio, es una entidad sin fines de lucro.
Sus fundadores, los Padres Luna y Mackinonn, le dieron la impronta y al desaparecer ellos, un conjunto de laicos con vocación de servicio, continuó la tarea. 
Sus funciones:

  • Determina las políticas educativas, laborales, económicas y financieras.
  • Asume la representación legal frente a las autoridades.
  • Aprueba.y supervisa la gestión del Equipo Directivo y de la Administración
  • Aprueba la admisión de familias al Colegio.

 

El Instituto Santa María de Luján. Pasado, presente y futuro

Como párroco de Nuestra Señora de Luján (Castrense), el Padre José María Mackinnon alcanzó metas que hoy resultan admirables. Logró que la comunidad parroquial fuera numerosa, dinámica, participativa, alegre. Lo que sabía de Liturgia, que era mucho, lo volcaba en todas las celebraciones, particularmente en las de Semana Santa. Contaba con la participación de muchos parroquianos y con organistas que hacían brillar la joya del templo en las misas. Tenía muchos intereses, y así como alentaba un curso de Introducción a la lectura de la Biblia, a cargo del diácono Antonio Marino, hoy Obispo de Mar del Plata, también integraba el equipo de traductores de El Libro de la Nueva Alianza, y presidía la reunión de matrimonios de la Parroquia con quienes diagramaba las homilías del mes. En otro orden, era fanático de Bariloche y allí veraneaba todos los años.

 

Su obra más visible al día de hoy es el Instituto Santa María de Luján, creación que encaró (en paralelo con sus responsabilidades de Párroco y a pedido de los padres de la comunidad) junto con el Padre José Luis Luna, su valiosísima mano derecha. Dada la fuerte personalidad de ambos, el Instituto, “la obra de todos”, tenía que alcanzar desde sus inicios la calidad y la calidez de la comunidad parroquial por ellos creada.

 

Ambos sacerdotes soñaron un colegio con características definidas, y pusieron manos a la obra, secundados por esa comunidad fiel y activa. El Padre Mackinnon era Ingeniero Civil. Su sólida formación académica lo ayudó a construir un colegio que garantizara a los egresados el acceso a los estudios terciarios.

   

En este año 2016 se cumplirán treinta y cinco años de la muerte del Padre Mackinnon y cincuenta y cuatro del nacimiento de un colegio que a lo largo de su trayectoria se ha mantenido fiel a los principios fundacionales. Podríamos preguntarnos tras estos primeros cincuenta años por qué el Santa María de Luján tiene en la actualidad su matrícula cubierta y listas de espera en los tres niveles. Y podríamos preguntarnos también:

 

por qué los chicos de Primaria llegan a la Secundaria dando muestras de un fuerte sentido de pertenencia y un sincero afecto por su colegio,

 

por qué hay tantos vínculos afectivos que ligan a las cuarenta y cuatro promociones existentes  (básicamente entre sus integrantes, pero también entre promociones),

 

por qué hay tantas familias que nos han confiado la formación de todos sus hijos, de modo tal que este es un colegio de hermanos, de hijos de ex alumnos, de hijos de matrimonios cuyo noviazgo nació en nuestras aulas,

 

por qué hay tantos docentes que han trabajado en el colegio, dando lo mejor de sí y sintiéndolo como propio, a lo largo de veinticinco, de treinta, de treinta y cinco y hasta de cuarenta años,

 

por qué hay tantos alumnos cuya vocación nació al calor de las clases de tantos buenos docentes,

 

por qué hay tantos ex alumnos que ya en la etapa universitaria agradecen la exigencia y el nivel que tuvo su bachillerato,

 

por qué hay tantos ex alumnos que durante toda su vida asocian determinada asignatura con el docente que la dictó en su secundaria,

 

por qué hay toda una comunidad que vive su fe a la luz del Evangelio y la practica dentro y fuera del colegio.

 

La respuesta está en la fidelidad a los orígenes del Instituto Santa María de Luján. La respuesta está en la personalidad del Padre Mackinnon, a quien conocimos, quisimos y admiramos muchos de los que al presente conformamos este colegio. La respuesta está en su claridad mental y en su capacidad de llevar a la práctica sus propósitos. La respuesta está en su ejemplo, vivo y actuante en nuestro colegio. El Padre Mackinnon nos dio a los laicos el espacio que el Concilio Vaticano II reclamaba en sus Documentos. Y ese espacio es hoy irrenunciable para nosotros.

 

La Fundación Santa María de Luján estuvo siempre integrada por laicos y fue siempre la dueña del colegio, por expreso deseo de sus fundadores. A lo largo del medio siglo de vida que cumplimos se mantuvo fiel a los lineamientos propuestos por los Padres Luna y Mackinnon: hagamos un colegio al servicio de las familias del barrio, en el que principalmente nos preocupe la formación cristiana de los jóvenes y la excelente formación académica, de modo que al dejar el colegio estén bien preparados para afrontar la vida adulta. Seleccionar directivos que a su vez seleccionaran excelentes docentes fue, es y será uno de los importantes compromisos de la Fundación con el colegio.

 

Miremos el futuro con esperanza. El Santa María de Luján está dispuesto a vivir otros cincuenta años brindando un servicio que en la actualidad resulta urgente: ofrecer a los jóvenes una educación dinámica, actual, rica, que fundamentalmente les enseñe a pensar, que los haga intelectualmente tan activos y comprometidos que jamás tengan que recurrir a estímulos engañosos. Solo si Nuestra Señora de Luján sigue a nuestro lado, orientando nuestro trabajo docente, podremos lograrlo. Como lo hemos hecho siempre, a Ella nos encomendamos.

 

 

 

Verónica Zumárraga